La filosofía de la no-mentira.

25 Nov

Me tengo que ir a dormir, mañana madrugo porque hago una recorrida por el sur de la Ciudad. No suelo contar datos facticos de mi vida ni de mis qué-haceres, más allá de lo que tenga que ver con el post, pero mi vida ha cambiado mucho desde la última vez que escribí.

En pocos meses se cumplirían dos años que pasé sin escribir, y la verdad es que no estoy segura si publicaré este post. En la última semana varias personas me pidieron que vuelva a escribir, pero honestamente, ya no me acuerdo ni cómo se hace. Por las dudas, les pido que no pongan expectativas que no voy a poder cubrir. Esta sí es una filosofía de vida, no la voy a cambiar justo ahora.

Releí algunas cosas que escribí para enterarme «de qué se trataba mi blog». Dejé de escribir por muchos motivos, principalmente para no conectarme -conmigo. Y mientras leía me escuchaba a mí misma decir «posta, si tengo que escribir ahora, no tengo ni un tema con el que arrancar». Pero no sé en qué momento se me apareció el título y me animé a entrar al blog como autora, y no como lectora.

Me acuerdo una vez, creo que tenía cuatro o cinco años. @madre y una de sus hermanas (perdón, pero odio llamar a familiares por sus títulos oficiales, como «tía» o «abuela»). En mi familia hay suficientes tíos y abuelos como para que cada uno pueda ser identificado con su propio nombre. Aparte, por favor.

Vuelvo. Me acuerdo que una vez, @madre y una de sus hermanas, fueron a conocer una sede de lo que podría ser su competencia. No directa, claramente. Estabamos en Uruguay y sólo querían ir a chusmear. Antes de bajarnos del auto, mamá, precavida, me dice: «Voy decir cosas que no son verdad, así que vos no saltes a decir que es mentira.» Y no sé por qué ese recuerdo siempre lo asocio con el «si yo digo que los chanchos vuelan, los chanchos vuelan.» Quizás fueron las palabras textuales de @madre. Ella no suele mentir, calculo que por eso tanta preocupación.

Desde chicos, por más mal que esté, nos enseñan a mentir. Levemente (o esa es la idea). Pero aprendemos que algunas mentiras piadosas son buenas para no lastimar a quienes queremos.

—–

Checha tuvo un blind date. Se matchearon por Tinder. Ella insegura porque sospechaba que el tipo iba a ser un goma. Yo arengándola con comentarios positivos como «Qué genial que vayan a Tea Connection, con lo que te gusta ese lugar!!!». Ella se reía y me decía que le gustaba que le encuentre lo positivo a todas las situaciones.

El chico la pasa a buscar en lo que según ella describió, «una camisa estilo Indiana Jones» (#CHICHARRA). Tardamos creo que cinco minutos en ponernos de acuerdo respecto a qué look se refería. Él estudiaba astrología y ella también. Dato no menor, ya que lo que la llevó a aceptar la salida fue «que por fin alguien va a entender cuando le diga que me pasa tal cosa porque tengo Plutón en la Casa 4«. No es joda, esas fueron sus palabras textuales.

Con estos estudios en común como nexo conector, empezaron a intercambiar experiencias. Y no quiero entrar en detalle porque no tengo la autorización para hacerlo, pero después de que el señor en cuestión le contara que se conecta con mayas intergalácticos, (sí han leído bien) #fail#fail#fail #chicharra#chicharra#chicharra que se contactan con él mediante voces en su cabeza y le indican qué hacer (posta, la corto acá, me niego a reirme así de alguien que no conozco) este tipo le cuenta que hace dos años que no miente.

No es que dejó de fumar, de tomar alcohol, de comer carnes, de comer carbohidratos. Dejó de mentir. Mi amiga, interesada, le preguntó cuánto solía mentir como para que pueda tener ese récord en la cabeza, pero él evitó la respuesta.

«Lo aprendí de una chica con la que salía, ella no mentía. Y me di cuenta que todo era más fácil si uno no miente. Si te tengo que decir algo, prefiero decirte la verdad.» – honesto. «Sólo mentí una sola vez en estos dos años, y fue porque estaba de novio y mi novia me preguntó qué había hecho la noche anterior. Como había dormido con otra chica, le mentí. Pero después, nunca más volví a mentir» – un chanta.

Al fin y al cabo este tipo es un GENIO (?). Para ser honesto en la vida diaria y decir cualquier barbaridad excusada en que «es la verdad», tenía su filosofía de la no-mentira. Pero a la hora de ver los pingos en la cancha, te mando un besito.

Con la teoría de la no-mentira, hay mucha gente que te canta los 40 de una sin tener piedad alguna sobre cómo uno puede recibirlos. Teóricamente me parece que está perfecto, pero en realidad hay que tener mucha cintura para hacerlo. Porque si bien la verdad es la verdad, hay formas de decirla. Y esa forma a veces tiene la misma forma que una daga clavada en el corazón. Lo mejor, es que cuando intento manejarme de la misma manera con las personas que hacen esto, JAMAS me sale. Siempre hay un cuadro de empatía con el sufrimiento ajeno que me lleva a tratar de sacar el foco de la cuestión y ponerlo en algún aspecto más positivo, o alguna otra solución. Porque como dice JM, si el problema no tiene solución, hay que cambiar de problema.

El problema es que esta gente flamea la bandera de la honestidad cuando en realidad es brutalidad. Más aún si es como el Boy Scout con conexión a los mayas galácticos que salió con Checha, que lejos de ser honesto, es un convenido.

 

3 respuestas hasta “La filosofía de la no-mentira.”

  1. Mery 25 noviembre, 2014 a 2:42 am #

    Que buenoooo! Me alegré cuando me llego el mail notificando un nuevo post! Cuanto tiempo!

  2. clau 25 noviembre, 2014 a 5:23 pm #

    que felicidad que vuelvas. es la vos completa que me estaba faltando. espero que lo sigas disfrutando como nosotros que te leemos.

  3. SebastianB 11 febrero, 2016 a 11:09 am #

    Hola!

    Me choqué con tu Blog hace muy poco, tanto como ayer. Gracias.

    Yo le diría a JM que, si el problema no tiene solución que (simplemente) acepte y después cambie de sentido. Salvo, claro está, que el eje de su vida sea buscarse problemas, claro…

    My 2 Cents

    ;)

    http://www.idem.com.ar/

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